El sentido del humor probablemente pueda considerarse abiertamente contrarrevolucionario. Creo que es la única explicación viable a la pasividad frente a las decisiones del gobierno que atentan contra los trabajadores. Un ataque de risa cuando anuncian la subida de la electricidad un 10% cuando ya la gasolina ha llegado a máximos históricos. Un ataque de cuernos bien llevado cuando la receta para superar las tasas de paro es abaratar los despidos. Un aplauso en mitad de la autovía cuando escuchas por la radio llamar a la calma: "el incremento de la edad de jubilación se hará paulatinamente: los que ahora tengan 64 años se jubilarán tan sólo un mes más tarde. Los primeros en jubilarse a los 67 serán los que ahora tienen 55". ¡Fenomenal!¡Yo que todavía no he cumplido los 26 no quiero ni imaginarme hasta dónde me lo pueden ampliar! Aplaudo y me río a carcajadas estando sola en el coche. No me queda otra.
Y ya, cuando ves que empiezan a ponerse en pie las prácticas y becas para egresados como buenamente prometía la reforma laboral... te da como unas cosquillitas por la barriga... es un empezar a reir y no parar.

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