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Enrique

Resulta que el marido de la "seño Elena", que tanto nombra mi sobrino, es "mi amigo" Enrique. Amigo que no recuerdo, pero que debió existir como tal alguna vez. Paso las últimas horas de mi vida poniéndole cara y nombre a un montón de recuerdos borrosos y ese chaval encantador al que se refiere mi hermana se resiste a volver del pasado. Enrique. Moreno. Alto. Nariz aguileña. Feote. Se me viene a la cabeza la primera pregunta que me lanza un compañero del colegio tras más de diez años sin hablar: "¿Te has casado?". También el reciente embarazo de una compañera del bachillerato. El parto de Paula fechado para el día 10 de Enero. La cara de un compañero de la ESO en el sorteo de viviendas de VPO.

Enrique no aparece y aun así su hijo de dos años, al que no conozco, se suma a la lista de hechos diferenciales entre la etapa adulta y esta que vivo yo de post-post-adolescencia que algún sabio decidió llamar juventud.

Y todavía no sé si ellos corren o si nosotros vamos demasiado despacio (o no vamos). Tampoco sé si somos más felices ni si lo seremos dentro de un tiempo. Y desconozco si estamos subvertiendo tradiciones o la posmodernidad nos ha devorado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pienso mucho en esto mismo, y no llego a ninguna conclusión. Todos vamos a un ritmo distinto, supongo que lo mejor es que cada uno encuentre el suyo. Hay gente que a nuestra edad sigue los pasos de una vida que ha sido así ya desde hace tiempo y que a algunos nos parece caduca, pero que no por eso la que llevamos nos gusta más...
Muy dura la post-post-adolescencia, la pre-pre-madurez o eso mismo, simplemente la juventud!!!

(Amaia) Tia hacía un montón que no te escribía!!!

Anónimo dijo...

(y total, para no decir nada ;p)
(Amaia también)