
Aquella tarde de Agosto a la salida del trabajo, me encantó ver a Maribel echando una pachanguita con nuestros compañeros en el cesped de la entrada. Probablemente jugaba mejor al futbol que cualquiera de ellos y, entre bromas, iba dejando un rastro de hombres derribados en el suelo. Aquel, también fue mi último año en el equipo de baloncesto y el primero, y el último, en el que en mi Instituto se hacía una liga mixta de basket.
Hoy, cuando muchos de mis amigos quedan para jugar al futbol, me entra una envidia sana*, porque todavía las mujeres no hemos sabido conquistar esos espacios de convivencia deportiva que ayudan tanto a crear lazos sociales como a mantenerlos en el tiempo. Tampoco la sociedad ha sabido romper esa barrera de género y aunque Maribel, por citar a alguien, sea una jugadora tanto o más válida que cualquiera de ellos, tampoco la recuerdan para esos partidos que siempre terminan en una cervecita en el bar de la esquina.
* [Corrección posterior] Después de que un compañero terminara yendo del campo al hospital en ambulancia con un pie-bola me da un poco menos de envidia y pienso que las mujeres llevamos una vida un poco más segura :)
* [Corrección posterior] Después de que un compañero terminara yendo del campo al hospital en ambulancia con un pie-bola me da un poco menos de envidia y pienso que las mujeres llevamos una vida un poco más segura :)

1 comentarios:
Lo que daría por ser una mujer-sana ahora mismo...
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