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Vida

Me decían ayer que esos momentos de tensión previos al desenlace de un presagio, cuando la adrenalina corre a raudales por la sangre, son angustia íntegra, pero, a su vez, son los que te hacen sentir más vivo.
Son pequeñas pulsiones de vida, no de la vida de constante felicidad con la que sueñan algunos, sino de la más pura y regurgitada vitalidad humana. Somos dolor y dolor de incertidumbre, pese a que exista quien juegue a deslizarse por caminos de rosas. Aprendemos a encontrar el placer en la certidumbre de lo cotidiano.
Somos una mezcla perfecta entre aflicción controlada y pasión desenfrenada. El término exacto de la plenitud si me apuran.